Lanzarote te sorprenderá.

Lanzarote

En Canarias cada isla tiene su personalidad, su idiosincrasia. Una de las islas más cautivadoras es Lanzarote. Su belleza natural insólita, de origen volcánico, despliega ante los ojos del visitante paisajes imposibles que sobrepasan la imaginación de cualquier creador de historias de ciencia-ficción.

Lanzarote es la tercera isla más poblada del archipiélago canario y la cuarta en extensión, un territorio singular moldeado por su origen volcánico y por su proximidad al continente africano. Estas condiciones han dado lugar a una geografía inconfundible, donde los paisajes de lava conviven con montes de tonos rojizos y un litoral repleto de tubos volcánicos, acantilados y calas que combinan lo salvaje con lo sereno. La actividad volcánica más reciente, especialmente las erupciones de Timanfaya en el siglo XVIII, terminaron de configurar la imagen actual de la isla, marcada por mares de lava solidificada y cráteres que hoy forman parte de uno de los parques naturales más visitados de España.

Antes de la llegada de los normandos, comandados por Jean de Béthencourt y enviados por la corona de Castilla a comienzos del siglo XV, la isla era conocida por los guanches, el pueblo nativo canario, como Titerogakaet, un término de raíz bereber que suele traducirse como “tierra quemada”. Este nombre no solo sugiere la presencia histórica de pobladores norteafricanos, sino que también describe con precisión el espíritu del paisaje lanzaroteño: una tierra de contrastes donde el fuego del pasado convive con la calma del presente.

Una de las ventajas que tiene Lanzarote es que puedes encontrar alojamiento en cualquier época del año. Así nos lo confirma Fabrrizio Vlad, un turista italiano que alquiló una casa para él y su familia a través Alohey, una inmobiliaria local que también opera por internet experta en el alquiler de villas en Lanzarote, en temporada baja y cerca de la playa antes de comprar los billetes de avión. “El lugar era supertranquilo y la casa espectacular. Perfecta para los niños” – comenta el visitante.

Las playas de Lanzarote.

Algo que atrae a cualquier turista que visita Canarias son sus playas. Las de Lanzarote no tienen nada que envidiar a las de ninguna otra isla.

Uno de los mayores atractivos de Lanzarote son, sin duda, sus playas. Muchas conservan un carácter semisalvaje que hace que el visitante sienta que explora un territorio remoto. En ellas, los relieves volcánicos se mezclan con la arena dorada o negra, y los acantilados inclinados crean pequeños refugios naturales que transmiten la sensación de haber llegado a una isla inexplorada, pero no lo es. El blog de viajes Viajeros Callejeros nos ofrece una selección de las playas más destacadas de la isla. Entre las que destacan la playa Papagayo y la playa de las Mujeres, situadas en el extremo sur.

Papagayo es, probablemente, la playa más emblemática de la isla. Su bahía semicerrada, rodeada de paredes rocosas, mantiene el oleaje suave y permite disfrutar de aguas cristalinas durante todo el año. Es un lugar perfecto tanto para quienes viajan en familia como para quienes buscan practicar snorkel y contemplar la vida marina en un entorno tranquilo. Muy cerca se encuentra la playa de las Mujeres, más accesible y con una estética igualmente natural. Aunque cuenta con un camino de grava y un espacio amplio para aparcar, no verás restaurantes ni construcciones cerca. Su aspecto de cala recóndita se refuerza con la presencia de la llamada cueva del agua, a la que solo se puede acceder cuando baja la marea.

En el extremo opuesto de la isla está la playa de Famara, una extensión de seis kilómetros donde la arena volcánica muestra matices que van del dorado al gris oscuro. A sus espaldas se levantan los Riscos de Famara, paredes de piedra erosionadas por el viento que superan los 700 metros de altura. Es un paraíso para surfistas y amantes del viento, aunque los habitantes de la isla aconsejan prudencia a la hora de bañarse en ella, ya que las corrientes marinas pueden ser traicioneras.

Lanzarote también sorprende con formaciones únicas como las piscinas naturales, cavidades de roca volcánica que el mar llena con agua salada. Una de las más conocidas es el Caletón Blanco, al norte de la isla, donde el contraste entre la arena negra y el agua turquesa crea una estampa inolvidable.

Para quienes buscan comodidad y servicios, la isla también ofrece playas más urbanizadas, como Playa Dorada y Playa Blanca, en Yaiza, con restaurantes, tiendas y hoteles. Desde el norte, en Órzola, parten los ferris hacia La Graciosa y el Archipiélago Chinijo, un conjunto de islas menores de gran belleza natural, a las que puedes hacer una excursión.

Un paisaje impresionante.

El blog Imanes de Viaje recomienda dedicar al menos cinco días para conocer bien Lanzarote, una isla que sorprende por la variedad de sus paisajes naturales y por la fuerza volcánica que los ha moldeado durante siglos. Este territorio, expuesto al océano y al viento, ofrece escenarios únicos que parecen sacados de otro mundo, desde extensos campos de lava hasta acantilados abruptos y cuevas formadas de manera natural.

Entre los lugares imprescindibles para visitar se encuentran los Parques Naturales de Timanfaya y Los Volcanes, dos auténticos referentes del patrimonio geológico de la isla. El Timanfaya es especialmente llamativo: su erupción de 1730, que se prolongó durante seis años, transformó por completo el oeste de Lanzarote. Más de 50 pueblos quedaron sepultados bajo la lava, formando un desierto mineral de colores rojizos, ocres y negros, donde aún hoy se observa la actividad térmica del subsuelo. A poca distancia se extiende el Parque Natural de Los Volcanes, ideal para realizar rutas de senderismo y caminar entre antiguos cráteres, coladas solidificadas y laderas escarpadas que recuerdan el origen volcánico del archipiélago.

Otros espacios naturales igualmente llamativos son la Cueva de los Verdes, un tubo volcánico formado hace 5.000 años que muestra un curioso juego de tonos en sus paredes; la Grieta de la Montaña Blanca, un estrecho pasadizo entre dos muros de lava solidificada; y el Charco de los Clicos, una laguna verde alojada en el cráter de un volcán que ha sido erosionado por el mar. Las algas que habitan en el fondo son las responsables del intenso color verde de la charca, que contrasta con la arena oscura de la playa que la rodea.

Además de su patrimonio natural, Lanzarote te invita a visitar pueblos como Teguise, de aire colonial, o Arrecife, la capital, que posen antiguos castillos defensivos que cuentan parte de la historia de la isla.

La huella de César Manrique.

El Lanzarote actual no se puede entender sin la huella que dejó en la isla el arquitecto César Manrique. Uno de los arquitectos más originales y creativos del siglo XX, nacido en Lanzarote, aunque desarrolló parte de su carrera en Nueva York y en Madrid, y que transformó la isla con su arquitectura fusionada con la naturaleza.

César Manrique, nacido en Arrecife en 1919, es una de las figuras artísticas más influyentes de Canarias y el principal responsable de la integración armoniosa entre arte y naturaleza que caracteriza hoy Lanzarote. Formado en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, durante la década de 1940, inició su trayectoria como pintor y escultor, influido por las corrientes surrealistas y por una sensibilidad estética profundamente vinculada al paisaje volcánico de su isla natal. Su curiosidad creativa lo llevó pronto a explorar otras disciplinas como el diseño y la arquitectura. De esa etapa datan trabajos tan variados como los Art Cars que realizó para BMW o su participación en el diseño del Centro Comercial La Vaguada, en Madrid, junto al arquitecto Javier Sáenz de Oiza.

Tras una estancia en Nueva York a comienzos de los años sesenta, Manrique regresó definitivamente a Lanzarote en 1966, justo cuando el turismo comenzaba a despegar. Su intención era clara: mostrar que el desarrollo turístico podía ser compatible con el respeto al entorno natural. Su visión se tradujo en intervenciones artísticas que hoy son iconos de la isla, sostenidas por un principio común: la arquitectura debía dialogar con el paisaje, no imponerse sobre él.

Entre sus obras más emblemáticas se encuentran los Jameos del Agua, un conjunto creado dentro de un tubo volcánico natural en el que diseñó espacios tan singulares como un restaurante integrado en el Jameo Chico y un auditorio con una acústica excepcional en el Jameo Grande. También destaca la Fundación César Manrique, ubicada en el Taro de Tahiche, una vivienda-taller construida sobre cinco burbujas volcánicas, que hoy funciona como museo de su obra.

El Mirador del Río, realizado junto al arquitecto Fernando Higueras, es otra de sus creaciones más reconocidas. Excavado en el risco de Famara, ofrece una panorámica privilegiada de La Graciosa y del archipiélago Chinijo. A esta obra se suman otras intervenciones importantes, como el Jardín del Cactus, el Monumento al Campesino, dedicado a la cultura agrícola tradicional, y el diseño de jardines y piscinas del Hotel Las Salinas en Costa Teguise.

El aeropuerto de Lanzarote lleva su nombre, y está decorado con murales que el artista realizó en los años cincuenta, recordando la profunda huella que dejó la isla en su obra y en su manera de concebir la arquitectura.

 

 

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