Pocos accesorios relacionados con la crianza generan tantas dudas como el chupete. Hay quien lo considera un gran aliado para calmar al bebé y facilitar el descanso, mientras que otros prefieren evitarlo por miedo a que dificulte la lactancia, cree una dependencia difícil de romper o termine afectando al desarrollo de la boca. Entre unas opiniones y otras, no siempre resulta sencillo saber qué recomendaciones tienen realmente un respaldo fiable.
La realidad es que el chupete no es ni imprescindible ni perjudicial por definición. Sus efectos dependen de factores como la edad del bebé, el momento en el que se introduce, el tiempo que se utiliza o la forma en que se emplea. Por eso, no debemos hablar de prohibirlo o recomendarlo de forma general, sino de hacer un uso adecuado según las circunstancias de cada familia.
Entender cuándo puede ser útil, qué beneficios se le atribuyen y en qué situaciones conviene limitar o retirar su uso ayuda a tomar la decisión con más tranquilidad. Porque, como ocurre con muchos aspectos de la crianza, no existe una respuesta universal, sino recomendaciones que deben adaptarse a las necesidades de cada bebé.
Por qué los bebés necesitan chupar
El reflejo de succión es uno de los más intensos y primitivos que tienen los recién nacidos. Aparece antes del nacimiento, está completamente desarrollado al nacer y cumple una función que va mucho más allá de la alimentación. Chupar tiene un efecto calmante sobre el sistema nervioso del bebé. Activa mecanismos de autorregulación que reducen el llanto, estabilizan la frecuencia cardíaca y ayudan al bebé a gestionar el estrés de un mundo que para él es completamente nuevo y estimulante en exceso. No es un capricho ni un vicio aprendido: es una necesidad fisiológica real que los bebés satisfacen de distintas formas, ya sea con el pecho, con el dedo o con el chupete.
Esa necesidad de succión no nutritiva, es decir, de chupar sin que haya leche de por medio, varía mucho entre bebés. Algunos la tienen muy intensa y otros apenas la manifiestan. Y en los que la tienen intensa, el chupete puede ser una herramienta muy valiosa tanto para el bebé como para los padres.
Para qué sirve realmente el chupete
Más allá de ese efecto calmante general, el chupete tiene algunas aplicaciones específicas bien documentadas. La más importante es su papel en la prevención del síndrome de muerte súbita del lactante. Varias investigaciones han encontrado una asociación entre el uso del chupete durante el sueño y una reducción del riesgo de muerte súbita, aunque los mecanismos exactos no están del todo claros. Las principales asociaciones pediátricas del mundo, incluida la Academia Americana de Pediatría, reconocen esta asociación y consideran que ofrecer el chupete al bebé cuando se le pone a dormir es una medida razonable de prevención, especialmente durante los primeros seis meses de vida.
El chupete también tiene un papel en el manejo del dolor en procedimientos médicos. En neonatos y lactantes pequeños, el uso del chupete durante extracciones de sangre u otras intervenciones menores reduce bastante la respuesta de dolor y el llanto. Es una intervención sencilla, inocua y efectiva que se usa en muchos servicios de neonatología.
Y por supuesto está su función más cotidiana: ayudar al bebé a facilitar el sueño, reducir la irritabilidad y, con ello, dar un respiro a unos padres que en los primeros meses tienen muy pocas herramientas para regular a un bebé que llora sin causa aparente.
Los contras a tener en cuenta
El chupete tiene beneficios reales, pero también trae consigo otros efectos que queremos que conozcas para usarlo de forma inteligente. El más estudiado es su relación con la lactancia materna. En bebés muy pequeños, especialmente en las primeras semanas de vida cuando la lactancia todavía se está estableciendo, el uso del chupete puede interferir con el agarre al pecho y con la frecuencia de las tomas. La mayoría de los expertos en lactancia recomiendan esperar a que la lactancia esté bien establecida, generalmente alrededor de las tres o cuatro semanas, antes de introducir el chupete si se está dando el pecho.
El segundo efecto a tener en cuenta es el de las otitis. Hay evidencia de que el uso frecuente del chupete, especialmente en bebés mayores de seis meses, se asocia con un mayor riesgo de otitis media. El mecanismo tiene que ver con la presión que los movimientos de succión generan en la trompa de Eustaquio. Reducir el uso del chupete a los momentos de dormir y no usarlo de forma continua durante el día es una medida que parece reducir ese riesgo.
El chupete y la salud bucal: la importancia de elegir un modelo adecuado
El efecto sobre la dentición es el que más preocupa a los padres y, por eso, merece una explicación más detallada. Los expertos de la Clínica Vivanca explican con claridad que el uso prolongado o incorrecto del chupete puede ocasionar alteraciones en la posición de los dientes y en la forma del paladar, derivando en problemas como mordida abierta, deformaciones en la estructura oral o dificultades para hablar con claridad. Por eso, señalan, elegir un modelo que respete la anatomía bucal es esencial para evitar estas complicaciones.
No todos los chupetes son iguales. Aunque ninguno puede garantizar por sí solo un desarrollo correcto de la boca, sí existen características que ayudan a reducir la presión que ejercen sobre los tejidos en crecimiento. Por ese motivo, los especialistas suelen recomendar modelos con tetina anatómica o fisiológica, diseñados para adaptarse mejor al paladar y favorecer una posición más natural de la lengua durante la succión.
Los materiales más habituales son la silicona y el caucho o látex, ambos seguros cuando cumplen la normativa vigente. La silicona suele ser más resistente y fácil de limpiar, mientras que el caucho es más flexible, aunque puede deteriorarse con mayor rapidez. En cualquier caso, es importante elegir un chupete adecuado para la edad del bebé, ya que el tamaño de la tetina y del escudo está pensado para adaptarse a las diferentes etapas del desarrollo.
Tan importante como escoger un buen modelo es utilizarlo correctamente. Los expertos aconsejan evitar mojar el chupete en azúcar, miel u otras sustancias dulces para calmar al bebé, ya que esto aumenta el riesgo de caries desde la aparición de los primeros dientes. También conviene revisar periódicamente su estado, sustituirlo cuando presente signos de desgaste y mantener una higiene adecuada para reducir el riesgo de infecciones.
Los posibles efectos sobre la dentición dependen, sobre todo, del tiempo y de la intensidad de uso. Utilizar el chupete de manera ocasional durante los primeros meses de vida no tiene las mismas consecuencias que mantenerlo varias horas al día durante años. Por eso, la mayoría de las recomendaciones aconsejan empezar a retirarlo de forma progresiva alrededor del primer año y procurar que haya desaparecido antes de los dos o tres años, cuando aumenta el riesgo de alteraciones en la mordida y en el desarrollo de los maxilares.
La buena noticia es que muchas de esas alteraciones son reversibles si el chupete se abandona a tiempo. Durante la primera infancia, los huesos y los tejidos de la boca todavía están en desarrollo, por lo que pequeñas modificaciones en la posición de los dientes o en la mordida suelen corregirse de forma espontánea una vez desaparece el hábito de succión.
¿Cuándo conviene retirar el chupete?
Tarde o temprano llega el momento de decir adiós al chupete, y no siempre resulta sencillo. Para muchos niños deja de ser únicamente un objeto que calma o ayuda a dormir y se convierte en un hábito muy ligado a la sensación de seguridad. Por eso, la retirada suele generar más dudas entre las familias que la decisión de introducirlo.
Los especialistas coinciden en que no conviene prolongar su uso durante demasiados años. A partir del primer año puede comenzarse a reducir de forma progresiva, ya que la necesidad de succión no nutritiva suele disminuir conforme el niño crece. El objetivo es que el chupete vaya perdiendo protagonismo poco a poco y que, preferiblemente, haya desaparecido antes de los dos o tres años para disminuir el riesgo de alteraciones en la mordida y en el desarrollo de la boca.
La retirada gradual suele dar mejores resultados que hacerlo de un día para otro. Una estrategia habitual consiste en reservar el chupete únicamente para momentos concretos, como la hora de dormir, e ir eliminándolo primero durante el resto del día. De este modo, el niño dispone de tiempo para adaptarse sin vivir el cambio como una pérdida repentina.
También puede ser útil reforzar otras rutinas que aporten tranquilidad, como leer un cuento antes de acostarse, utilizar un peluche o una manta de apego, mantener horarios estables o introducir pequeños rituales que sustituyan la función de consuelo que desempeñaba el chupete. Cada niño tiene su propio ritmo, por lo que no existe un método único que funcione en todos los casos.
En cambio, convertir el chupete en motivo de discusiones, castigos o negociaciones constantes suele dificultar el proceso. Cuando el niño ya tiene edad para comprender lo que ocurre, explicarle con antelación que poco a poco dejará de utilizarlo y acompañarlo durante ese cambio suele favorecer una transición más tranquila, tanto para él como para la familia.
¿Y si el bebé prefiere chuparse el dedo?
No todos los bebés aceptan el chupete y algunos encuentran consuelo chupándose el dedo o el pulgar. Desde el punto de vista del desarrollo, la succión del dedo y la del chupete pueden producir efectos similares si el hábito se mantiene durante demasiado tiempo. La principal diferencia es que el chupete resulta más fácil de retirar cuando llega el momento, mientras que el dedo forma parte del propio cuerpo y, por tanto, el niño puede recurrir a él en cualquier situación sin que los adultos puedan limitar su uso de la misma manera.
Por ese motivo, algunos especialistas consideran que, si un bebé necesita satisfacer ese reflejo de succión, el chupete puede ser una alternativa más sencilla de gestionar a largo plazo. En cualquier caso, lo realmente importante no es tanto si el niño utiliza chupete o se chupa el dedo, sino cuánto tiempo mantiene ese hábito y con qué intensidad. Cuando la succión se prolonga más allá de los primeros años de vida, aumenta el riesgo de que aparezcan alteraciones en la mordida o en el desarrollo de los maxilares, independientemente de cuál sea su origen.
Higiene y seguridad: pequeños gestos que marcan la diferencia
Además de utilizar el chupete de forma adecuada, conviene prestar atención a su higiene y a su estado de conservación. Durante los primeros meses de vida, el sistema inmunitario del bebé todavía está madurando, por lo que es recomendable limpiarlo con frecuencia siguiendo las instrucciones del fabricante. En el caso de los recién nacidos, muchos modelos pueden esterilizarse antes del primer uso y de forma periódica, mientras que después suele ser suficiente lavarlos con agua y jabón.
También es importante evitar una costumbre bastante extendida: limpiar el chupete metiéndoselo el adulto en la boca antes de devolvérselo al bebé. Aunque pueda parecer un gesto inofensivo, la saliva puede transmitir microorganismos, incluidas bacterias relacionadas con la aparición de caries, incluso cuando los primeros dientes apenas han comenzado a salir.
Con el uso, los materiales también se deterioran. Por eso es aconsejable revisar periódicamente que la tetina no presente grietas, cortes o deformaciones y sustituir el chupete cuando empiece a mostrar signos de desgaste, aunque todavía parezca utilizable.
Una decisión que debe adaptarse a cada bebé
No existe una respuesta universal sobre el uso del chupete. Hay bebés que apenas lo necesitan, otros que encuentran en él una forma eficaz de calmarse y familias para las que resulta de gran ayuda durante los primeros meses. Lo importante es conocer tanto sus beneficios como sus posibles inconvenientes para utilizarlo de forma adecuada y retirarlo cuando llegue el momento.
En este sentido, la Asociación Española de Pediatría (AEP) recuerda que el chupete sí puede formar parte de una crianza saludable siempre que se utilice siguiendo las recomendaciones actuales. Más que plantear el debate en términos de «chupete sí» o «chupete no», la cuestión es saber cuándo puede ser útil, cómo emplearlo correctamente y en qué momento empezar a abandonarlo para evitar problemas a largo plazo.
Y, si durante el proceso surgen dudas sobre la lactancia, el desarrollo de la boca, la dentición o la mejor forma de retirar el chupete, siempre es preferible consultar con el pediatra o con un odontopediatra. Cada niño tiene un ritmo de desarrollo diferente y el asesoramiento profesional permite adaptar las recomendaciones a las necesidades de cada caso, evitando decisiones basadas únicamente en experiencias personales o consejos que circulan por Internet.


