El acné es una infección cutánea que se manifiesta principalmente en la adolescencia. A lo largo del tiempo se han creado multitud de mitos sobre esta enfermedad. Proponemos desmontar algunos de ellos, como la relación entre la alimentación y el acné. ¿Comer ciertos alimentos provoca o agrava el acné? Lo investigamos.
El acné tiene un fuerte componente genético. Los jóvenes en los que uno de sus padres padeció acné en su juventud tienen más probabilidades de sufrir esta enfermedad que los que no. En la emergencia del acné intervienen rasgos anatómicos como la piel grasa. También está relacionado con la actividad hormonal. Por esta razón, se manifiesta en una etapa de grandes cambios fisiológicos y hormonales como la adolescencia.
Según datos publicados en el periódico El Mundo, el 74% de los jóvenes españoles entre 12 y 18 años sufre acné, con diferentes grados de intensidad. A un 90% de los casos les afecta psicológicamente. Se sienten acomplejados, rechazan su propia imagen o condicionan la relación que establecen con los demás.
El acné también suele ser objeto de burlas y mofas. Todos sabemos lo crueles que pueden llegar a ser los adolescentes, más aún si se suman a una corriente de descrédito personal que ha iniciado alguien, y donde parece que hay una carrera por ver quién es más ingenioso y más doliente.
Por otro lado, también somos conscientes de que para el adolescente, la aceptación por parte del grupo tiene una importancia casi vital. Por este motivo, los comentarios hirientes hacen tanto daño y, probablemente, por lo que estamos viendo, se han fabulado tantas leyendas y mitos en relación a este tema.
Nos ponemos a investigar si son verdad o mentira. Y si se da el caso, ¿qué parte de verdad tienen esas opiniones generalizadas que se han creado en torno al acné?
¿Qué es el acné?
Antes de nada, vamos a ver qué es el acné. La página web de divulgación médica MedlinePlus indica que el acné es una afección cutánea que provoca una reacción en la piel, en forma de granos, espinillas o inflamaciones como quistes.
El proceso de aparición del acné comienza en los poros, pequeñas aberturas de la piel vinculadas a un folículo piloso y a una glándula sebácea. En condiciones normales, esta glándula segrega grasa para eliminar las células muertas y mantener la piel sana y suave. Sin embargo, cuando el exceso de grasa se acumula, el folículo se obstruye, formando un comedón. Si la parte superior de esta obstrucción queda cerrada y blanca, se conoce como acné miliar; si permanece abierta y expuesta al aire, se oscurece dando lugar a las espinillas negras.
Cuando las bacterias se atrapan dentro de estos poros obstruidos, el sistema inmunológico reacciona provocando una respuesta inflamatoria. Esta inflamación desencadena la formación de granos y espinillas. Si la infección o el bloqueo se producen en capas más profundas de la piel, aparecen lesiones más severas y dolorosas, los quistes.
El acné es un trastorno cutáneo bastante común durante la adolescencia, aunque puede afectar a personas de cualquier edad, incluso a bebés. Se manifiesta principalmente en el rostro, los hombros, el tronco, los brazos, las piernas y los glúteos.
Entre sus manifestaciones clínicas más frecuentes destacan el enrojecimiento alrededor de los poros taponados, que se pueden manifestar de diferentes formas: con las pápulas (protuberancias rojas) o con las pústulas, que albergan en su interior pus blanca o amarillenta. En los casos más marcados, el proceso inflamatorio puede derivar en la formación de costras sobre las erupciones y dejar cicatrices permanentes en la piel.
Las causas.
La causa principal del acné es de origen genético. Es decir, está relacionado con el tipo de piel y con la forma en la que funcionan las glándulas sebáceas. Por eso, condiciones naturales como la piel grasa son más proclives a presentar acné, o a hacerlo de una manera más notoria, que las pieles secas. Esta característica de la piel es innata y hereditaria, como el color de ojos, el cabello o el tono de la piel.
Los cambios hormonales inciden directamente en el acné, puesto que provocan que las glándulas sebáceas se hagan más grandes y produzcan más sebo. Determinadas situaciones que provocan un desequilibrio hormonal, como el embarazo, los periodos menstruales o el consumo de la píldora anticonceptiva, pueden provocar brotes de acné.
MedlinePlus indica también que el consumo de ciertos medicamentos o tratamientos hormonales, como los esteroides, los estrógenos, la testosterona y la fenitoína, tiene como efecto secundario la aparición de acné.
Por otro lado, personas que sudan mucho o que viven en ambientes húmedos suelen desarrollar acné con más facilidad.
Hay determinadas acciones que deberíamos evitar si somos propensos a padecer acné. Una de ellas es reventar o presionar los granos o espinillas con los dedos para eliminarlos, ya que pueden provocar una infección.
Tocarse permanentemente la cara con las manos y los dedos tampoco es beneficioso. Ya que puede hacer que el acné se extienda.
Al mismo tiempo, el uso de gorras o sombreros apretados que no ofrecen ventilación puede producir la aparición de granos en la frente y otras partes de la cabeza.
Son varias las causas que provocan esta afección, pero todas están relacionadas con el mecanismo de funcionamiento de los poros y las glándulas sebáceas. Ocupando un papel determinante el factor genético, lo cual explica cómo, haciendo las mismas cosas, el acné es más virulento en unas personas que en otras.
La curiosa relación entre el acné y la comida.
No existe evidencia médica que indique que la comida es la causa del acné. O al menos, la causa principal. Así lo recoge un artículo publicado en la revista Grazia Magazine. Por tanto, no podemos decir que alguien tiene granos porque come mucho chocolate o porque le gustan los pasteles.
Ahora bien, algunos productos con un alto índice glucémico y ciertos lácteos pueden empeorar los episodios de acné.
Los alimentos ricos en azúcares, como las harinas refinadas, el pan blanco, los dulces y los refrescos, elevan el nivel de azúcar en sangre y provocan picos de insulina. Uno de los mecanismos que tiene el cuerpo para eliminar este exceso de azúcar es aumentar la actividad de las glándulas sebáceas y expulsarla a través de la piel. Esto puede hacer que las personas propensas a padecer acné experimenten periodos de cierta intensidad.
Algo parecido sucede con la leche y sus derivados. Que contienen precursores de la testosterona, que contribuyen a una mayor producción de sebo y tienen efectos inflamatorios.
La leche de por sí se sabe que es inflamatoria. Algunas personas con problemas digestivos suelen padecer inflamación durante la digestión de los lácteos. Esta inflamación puede afectar a la piel si se tienen problemas de secreción de grasa.
Una persona que padece acné puede intentar controlarlo siguiendo una dieta equilibrada, baja en grasas, azúcares y algunos lácteos. Pero debe tener cuidado de no eliminar de su alimentación determinados nutrientes esenciales, como el calcio. Por lo que siempre es adecuado que este cambio de dieta esté supervisado por médicos o nutricionistas.
De todas maneras, es importante que comprenda que la alimentación es un factor de desarrollo, no una causa. Por lo que dejar de comer ciertos productos no va a hacer que una persona deje de tener acné.
¿El maquillaje produce acné?
Según algunos especialistas que hemos consultado, determinados productos de maquillaje pueden estimular la aparición del acné. Esto no quiere decir que la persona deje de maquillarse, sino que debe aplicarse un maquillaje adecuado a su tipo de piel.
En personas con piel grasa, los maquillajes con base en aceite son como darle de comer a la fiera. Tal y como señala la web mexicana Doctoralia, estos cosméticos taponan los poros y lo hacen con grasa. Lo que satura la concentración de sebo. Algunos ingredientes habituales en muchos cosméticos, como el aceite de coco o el aceite de almendra, que son aceites densos, empapan la piel con un exceso de grasa que no es beneficioso para las pieles propensas al acné. Por otro lado, ingredientes químicos como la vaselina, la parafina o la silicona crean una película en la piel que impide que los poros expulsen el sebo. Por lo que se quedan retenidos en su interior.
A la hora de maquillarnos, siempre debemos tener en cuenta el tipo de piel que tenemos y utilizar productos que sean adecuados a esta condición.
El acné no se va por sí solo.
Otra idea errónea es pensar que el acné desaparece por sí mismo. Que son cosas de la edad y que, igual que llegó, se irá. Las personas que son propensas a padecer acné, si sufren cualquier cambio hormonal, pueden experimentar episodios de reaparición de la enfermedad, aunque se pueden dar con niveles de intensidad más bajos.
Del mismo modo, dependiendo de cómo reaccione la piel, la desaparición de los brotes de acné puede dejar secuelas como cicatrices, que pueden acompañar a la persona durante toda su vida.
Es importante que las personas que sufren acné se sometan a estudios que investiguen el tipo de piel que tienen para que sepan a qué atenerse. Del mismo modo, seguir tratamientos de manera temprana y precoz puede reducir en gran medida la aparición de estas secuelas de las que estamos hablando.
Cómo se trata el acné.
Existen muchos tratamientos y productos para tratar el acné. Sin embargo, como nos explican los médicos de Skin Face Clinic, una clínica estética de Estepona (Málaga) especializada en tratamientos corporales y faciales planificados desde un enfoque restaurador, la clave está en aplicar un tratamiento integral y personalizado. Integral con la idea de evitar las secuelas del acné, no solo tratar los síntomas más evidentes del momento; y personalizado porque el acné no se manifiesta de igual manera en todas las personas.
Para combatir el acné persistente, existen diversos tratamientos médicos adaptados al cuadro médico del paciente. Los antibióticos, tanto orales (como la amoxicilina) como tópicos (como la clindamicina), ayudan a controlar la carga bacteriana, combatiendo la infección. Asimismo, destacan los productos de aplicación directa en geles o cremas, como los derivados de la vitamina A, el ácido salicílico, el ácido azelaico o el peróxido de benzoilo.
En el caso de las mujeres con acné de origen hormonal, se valora el uso de anticonceptivos orales, pues puede ser un elemento desencadenante. Por su parte, en casos graves de acné quístico o con riesgo de cicatriz, se recurre a la isotretinoína oral, un fármaco altamente eficaz, pero que exige un riguroso control médico y pruebas de sangre continuas por sus efectos secundarios, estando contraindicado en el embarazo.
Existen, también, procedimientos dermatológicos complementarios como los peelings químicos o las inyecciones de cortisona para drenar quistes inflamados.
Ante la amplia variedad de opciones farmacológicas y estéticas disponibles, resulta fundamental contar con un tratamiento personalizado. Cada tipo de piel reacciona de manera distinta a la enfermedad y a los fármacos y presenta diferentes niveles de sensibilidad. Por ello, solo la valoración individualizada de un médico garantiza elegir la combinación de productos más segura, precisa y eficaz para controlar el acné.
No es solo estética.
Es importante incidir en esta idea. Si bien solemos ver el acné como una imperfección estética, lo cierto es que se trata de una afección médica y, por tanto, requiere un estudio y un seguimiento clínico. Muchas personas, ante las primeras señales de acné, corren a buscar productos cosméticos para combatirlo. El resultado muchas veces es que no logran eliminarlo, y lo más peligroso es que corren el riesgo de contraer infecciones. Bien porque han elegido el producto equivocado o porque no se lo han aplicado de manera adecuada.
La predisposición a padecer acné es una condición permanente. Un rasgo genético. Esto significa que, aunque el acné de la juventud desaparezca con los años, la enfermedad puede continuar latente en el cuerpo de la persona y volver a manifestarse en cualquier momento.
Sobre el acné nos hemos creado un montón de mitos e ideas preconcebidas, que justifican que lo abordemos de cualquier forma. Pero solo dándole el valor real de enfermedad que tiene, podemos combatirlo.


