Tipos de trastornos de ansiedad

ansiedad

La ansiedad no es solo “estar agobiado” o “tener nervios”, es algo que se te mete dentro y te acompaña a todas partes, aunque no la invites. Y aunque hay muchísima gente que dice tener ansiedad… no todos los tipos son iguales, ni se sienten igual, ni se ven igual.

Así que si estás aquí intentando saber qué tipos de trastornos de ansiedad existen sin que te exploten las neuronas, este artículo es para ti.

 

Ansiedad generalizada

Este tipo es de los más comunes y, al mismo tiempo, de los más ignorados. No tiene por qué haber un “gran motivo”: simplemente, te preocupa todo. Cosas pequeñas, cosas grandes, cosas que ni han pasado… Te despiertas pensando en lo que va a salir mal y te acuestas sin parar de darle vueltas a lo que no salió bien.

No es algo que se activa en momentos puntuales. Está ahí siempre, como de fondo. Te puede pasar en el trabajo, en casa, en el metro o mientras te comes una tostada. No importa dónde estés, siempre hay una vocecilla diciéndote que algo va a ir mal.

Lo peor de este tipo de ansiedad es que se normaliza. Hay personas que pasan años creyendo que “simplemente son muy preocuponas”. Pero no. Si llevas meses así y te está afectando en tu día a día, no es solo una racha.

 

Trastorno de pánico

Los ataques de pánico no se anuncian. No mandan un mensaje antes, simplemente aparecen y, cuando llegan, sientes que te mueres. El corazón se dispara, te cuesta respirar, te sudan las manos, no entiendes qué está pasando y tu cuerpo entra en modo pánico total.

Mucha gente ha ido al hospital en plena crisis porque pensaba que le estaba dando un infarto. Y no, no era un problema físico, era un ataque de pánico. Lo más duro de esto no es solo el ataque en sí, sino el miedo a que vuelva. Eso hace que las personas empiecen a evitar lugares o situaciones donde “podría pasarles otra vez”.

Este trastorno tiene algo muy tramposo: como los ataques son repentinos, te sientes inseguro todo el tiempo. No sabes cuándo ni dónde va a pasar, y eso genera aún más ansiedad.

 

Ansiedad social

No es timidez, no es “ser introvertido”, es mucho más que eso. La ansiedad social es cuando te da un pánico brutal tener que hablar en público, conocer gente nueva o incluso estar en una reunión donde sabes que te van a mirar.

No quieres llamar la atención, quieres desaparecer, y lo peor es que tu cuerpo reacciona como si estuvieras en peligro real: te sudan las manos, se te seca la boca, tartamudeas, se te acelera el corazón…

Hay personas que dejan de ir a clases, reuniones, cumpleaños o entrevistas solo por esto. Y no porque no quieran estar con gente, sino porque no soportan la sensación de estar siendo evaluados. Es una lucha constante con uno mismo.

 

Fobias concretas

Todo el mundo tiene miedo a algo, pero, cuando ese miedo te impide vivir con normalidad, se convierte en otra cosa. En este caso, en una fobia. Y no, no hace falta que tenga sentido: puedes tener miedo a los globos, a los pájaros, a subir al ascensor o a las agujas.

El problema es que tu cuerpo reacciona como si estuvieras frente a un peligro real. Es totalmente desproporcionado, pero muy real para quien lo sufre. Por eso, no se puede razonar con alguien que tiene una fobia. No es “piensa que no pasa nada”. No sirve.

Las fobias pueden parecer pequeñas, pero afectan mucho. Hay personas que no vuelan nunca, otras que no pueden ir al médico y otras que no pisan una playa por culpa de su fobia.

 

Agorafobia

No, no es solo miedo a los espacios abiertos. Es miedo a estar en sitios donde, si pasa algo, no puedas salir rápido o no puedas recibir ayuda. Esto incluye lugares con mucha gente, transporte público, centros comerciales o simplemente estar lejos de casa.

La agorafobia muchas veces aparece después de haber tenido un ataque de pánico. Como da miedo que vuelva a pasar, empiezas a evitar sitios. Poco a poco, tu mundo se va haciendo más pequeño. Y hay personas que acaban encerradas en casa durante semanas o meses.

No es que no quieran salir, es que no pueden. La ansiedad es tan grande que sienten que les falta el aire solo de pensarlo.

 

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

Soraya Sánchez, psicóloga especializada en estos trastornos, nos hace saber que, aunque actualmente el TOC se considera una categoría diagnóstica propia, se relaciona estrechamente con la ansiedad.

El TOC es tener pensamientos que no puedes quitarte de la cabeza (obsesiones), y sentir que tienes que hacer algo específico para calmarlos (compulsiones).

Ejemplos: pensar que si no tocas tres veces la puerta, va a pasarle algo malo a alguien. O que si no te lavas las manos cien veces, vas a contagiarte de algo horrible. O revisar una y otra vez que cerraste el gas, aunque ya lo hayas hecho.

Lo peor no es solo la conducta, sino la ansiedad que hay detrás. Porque sabes que no tiene sentido, pero si no lo haces, te sientes culpable, inseguro o incluso aterrorizado. Es agotador.

 

Trastorno de ansiedad por separación

Este trastorno suele sonar “infantil”, pero también afecta a personas adultas. Es cuando necesitas estar cerca de alguien (una pareja, tu madre, tu mejor amigo/a) porque si no, sientes que algo horrible va a pasar. Y no lo piensas solo una vez, lo piensas todo el tiempo.

Te cuesta dormir solo, viajar solo, estar unas horas sin contacto. Y si esa persona no contesta rápido, tu mente se va a lo peor. “Le ha pasado algo”, “ya no me quiere”, “me va a dejar”… Todo eso en bucle.

No es dependencia emocional, aunque a veces se confunde. Es un miedo profundo y constante a perder a alguien que para ti es como un ancla.

 

Trastorno de ansiedad inducido por sustancias

Aquí hablamos de una ansiedad que aparece por culpa de ciertas sustancias. Puede ser por tomar cosas (como café, drogas, alcohol, medicación…), o por dejarlas de golpe.

Por ejemplo:

  • Demasiado café = temblores, taquicardia, sudores.
  • Fumar porros = ataques de pánico (sí, aunque parezca que relajan).
  • Beber alcohol = bajonazo de ansiedad al día siguiente.
  • Dejar ansiolíticos sin supervisión = ansiedad brutal.

Esto también es un trastorno. No es solo “me sentó mal”, es que tu cuerpo empieza a generar ansiedad como respuesta química. Por eso es importante saber cómo afectan estas sustancias a cada persona y no automedicarse jamás.

 

Trastorno de estrés postraumático (TEPT): cuando lo que viviste no se va

Hay cosas que marcan. Accidente, agresión, abuso, muerte repentina de alguien cercano, maltrato… El TEPT aparece cuando, después de un trauma, no puedes volver a vivir “tranquilo”.

Todo te recuerda al trauma. Vuelves a revivirlo en pesadillas, en imágenes, en sonidos. Te cuesta confiar en la gente. Evitas lugares o situaciones que te conecten con eso. Y vives en modo defensa permanente.

Este trastorno es durísimo. No siempre se ve, pero quien lo sufre vive con una mochila emocional tan pesada que hasta respirar cuesta.

 

¿Y ahora qué?

Saber que existen todos estos tipos de trastornos de ansiedad es para que entiendas que no estás solo/a, y que lo que te pasa puede tener explicación. Que no estás exagerando, que no eres débil, que no estás inventando nada. No eres un problema, ni una carga, ni alguien «difícil», solo estás pasando por algo que muchas personas viven y que tiene solución.

Si te has sentido identificado con alguno, lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda. Un psicólogo no te va a mirar raro ni te va a juzgar. Te va a ayudar a ponerle nombre a lo que sientes y, sobre todo, a encontrar herramientas para que tu vida no se vea limitada por esto. Pedir ayuda no es rendirse, es dar un paso adelante. Y cuanto antes lo hagas, antes vas a empezar a sentirte mejor.

 

Y si no es tu caso…

Y si no es tu caso… no pasa nada. No todo el mundo tiene ansiedad, y eso también está bien. Pero lo más probable es que alguien de tu entorno sí la tenga: un amigo, una pareja, tu hermana, un compañero de clase o trabajo. Y aunque tú no la vivas en carne propia, puedes ayudar mucho más de lo que piensas.

  • Lo primero: no minimices lo que sienten. Frases como “tranquilízate”, “piensa en positivo” o “tú puedes con todo” no solo no ayudan, sino que pueden hacer que la otra persona se sienta incomprendida. La ansiedad no se apaga con voluntad ni desaparece por ignorarla.
  • Lo segundo: escucha. A veces no hace falta decir nada, solo estar ahí, sin presionar, sin juzgar. Y si no entiendes lo que está pasando, pregúntale cómo puedes acompañar mejor.
  • Y lo más importante: infórmate. Entender qué es realmente la ansiedad cambia por completo la forma de ver a quien la padece. No es una moda ni una excusa, es algo serio, incómodo y, muchas veces, silencioso.

Cuidarnos entre todos también significa estar ahí cuando no entendemos del todo. La empatía empieza por informarse y dejar de opinar desde fuera.

Más leidos

La evolución del coworking

El coworking ha revolucionado la forma de trabajar en las oficinas, convirtiendo un sistema de trabajo clásico en toda una experiencia para los profesionales que se benefician de la simbiosis que existe en

Descubre los programas de respiro familiar

Llega el verano y con esta estación llega las vacaciones de verano para muchas personas, y ya seas de esos que les gusta veranear en julio, agosto o septiembre, si tienes un familiar

Liquistocks, una Buena Opción de Destockaje

Muchas empresas encuentran problemas a la hora de realizar un destockaje efectivo al no contar con las estrategias adecuadas para distinguir cuál es la mejor opción para colocar el producto que no han

Facebook
Pinterest
LinkedIn

Top Trending

PUBLICACIONES relacionadas

Scroll al inicio