Cuando hablamos de las termitas, estamos ante un tema del que no solemos preocuparnos diariamente, pero eso sí, cuando aparecen, es cierto que pueden acabar siendo un problema serio que afecte a nuestra salud, a la de la vivienda y al medio ambiente.
Son unos insectos discretos, los cuales trabajan en silencio y, cuando son detectados, con frecuencia llevan ya tiempo instalados. Comprender qué son, el impacto que tienen y cómo se pueden tratar es de gran utilidad para poder tomar decisiones más sensatas que el clásico “echarlas algo y esperar”.
Hay que recordar que un tratamiento de este tipo no se refiere solo al hogar, sino que también toca la seguridad estructural, la gestión de los productos químicos y el papel de esta serie de insectos en los ecosistemas.
¿Qué son las termitas y por qué importan?
Las termitas son unos insectos que lo que hacen es alimentarse de celulosa, por lo tanto, de madera y de otros materiales que son ricos en dicha sustancia. Viven en colonias organizadas, contando con individuos reproductores, obreros y soldados, los cuales construyen túneles y galerías para moverse y estar protegidos de la luz.
La función que tienen en la naturaleza tiene como principal función el hecho de descomponer madera muerta, el reciclaje de nutrientes y mantener los suelos con mayor fertilidad.
En los bosques tropicales y otras zonas, dichas actividades ayudan a que la materia orgánica se vaya a integrar de nuevo en el ciclo del ecosistema.
Los problemas aparecen cuando la dieta se desplaza de troncos caídos y restos vegetales a vigas, muebles o estructuras de casas y edificios. Justo ahí es cuando dejan de ser aliadas del medio natural y pasan a ser una plaga doméstica con capacidad para poder dañar la integridad de una construcción.
¿Cuál es el impacto en la salud y la estructura de las viviendas?
Pese a que las termitas no atacan de manera directa a las personas, su presencia cuenta con una serie de consecuencias importantes:
- Las vigas, los suelos y las estructuras de madera se debilitan, lo que produce riesgo de hundimientos o fallos a nivel mecánico.
- Puede haber daños en las ventanas, puertas y muebles que se pueden romper de manera imprevista.
- Generan polvo y restos de madera que terminan empeorando la calidad del aire interior.
- Aumenta el estrés y la preocupación en las personas que habitan en la casa, puesto que al final ven cómo su propio entorno acaba deteriorándose.
Si se habla desde el punto de vista de la salud, es prioritario evitar que una estructura comprometida llegue a provocar accidentes. Desde un punto de vista ambiental, lo más interesante es no recurrir inmediatamente a tratamientos agresivos sin que se valoren opciones más controladas.
Cómo detectar una infestación
Para saber más sobre cómo se puede realizar la detección, quisimos hablar con los profesionales de Eco, especialistas en el control de plagas, nos han comentado que hay que ser conscientes de que las termitas son bastante discretas. No suelen pasearse a la vista como hacen otros insectos, puesto que trabajan en el interior de la madera y en galerías ocultas. Hay señales que es conveniente vigilar, como son:
- Maderas que suenan huecas cuando se las golpea con suavidad.
- Aparecen pequeños túneles o canales en los zócalos o paredes.
- Restos de alas desprendidas próximas a las ventanas o puertas.
- Muebles que comienzan a desmoronarse sin una explicación aparente.
La detección a tiempo hace posible que el tratamiento sea mucho más sencillo y menos invasivo. Si se dejan pasar meses o años, las cosas pasan a complicarse y hay más riesgo de carácter estructural.
La primera reacción es evitar el pánico y valorar el alcance. Ante la posible sospecha de termitas, lo normal es que se entre en una mezcla de alarma y ganas de “echar algo rápido”. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que:
Un tratamiento improvisado es posible que no llegue a toda la colonia y genere una falsa sensación de control.
Algunos productos caseros valen como apoyo puntual, pero no son una solución definitiva cuando avanza la infestación.
La evaluación inicial es importante antes de que se elija tratamiento. El primer paso es el de confirmar que hay termitas y proceder a diferenciarlas de otra serie de plagas, como puede ser la carcoma, puesto que el comportamiento y las técnicas de control no son exactamente las mismas.
Métodos de tratamiento: químico, físico y biológico
Los podemos agrupar los tratamientos en tres grandes importantes:
Tratamientos químicos
Son los que más extendidos están, ya que hacen posible que se actúe con rapidez y se abarquen zonas muy amplias.
Se incluyen:
- Aplicación de productos en concreto sobre la propia madera afectada, mediante el uso de una inyección en galerías o pulverización.
- Barreras químicas en el suelo alrededor de la propia vivienda, de cara a impedir la entrada desde colonias subterráneas.
- Sistemas de cebos impregnados con sustancias que afectan a las termitas cuando son consumidas y son repartidas por la colonia.
Un punto positivo es su eficacia, pero podemos decir que lo delicado es el impacto potencial sobre el entorno. Su aplicación precisa que se sigan una serie de indicaciones precisas, protegiendo a las personas y animales domésticos, evitando que acaben en aguas o suelos sin el control necesario.
Tratamientos físicos
Lo que pretenden es hacer que el ambiente sea menos propicio para las termitas o exponer la madera a una serie de condiciones que ellas no tolerarán bien.
- Ventilación y reducción de la humedad en las zonas más propensas.
- Exposición de mobiliario afectado al sol por horas, para deshidratar parte de la colonia.
- Retirada de restos de madera, cartón y demás materiales celulósicos que valen de alimento cercano a la casa.
Todos estos métodos son más preventivos y de apoyo que soluciones únicas, pero también son de gran ayuda de cara a que se reduzca la presión de la propia plaga y a dificultar la propia instalación.
Tratamientos biológicos y “más suaves”
En estos últimos años se han ido popularizando soluciones que lo que hacen es buscar un equilibrio entre la eficacia y un menor impacto a nivel ambiental:
- Cebos que usan compuestos que afectan al crecimiento o la reproducción de las termitas, los cuales están repartidos en una serie de puntos estratégicos.
- Productos basados en sustancias naturales que tengan cierto efecto repelente o tóxico para las termitas, utilizados de manera localizada.
La ventaja que tienen es que pueden ser menos agresivos para otras formas de vida y para el propio entorno doméstico. La limitación es que, en las infestaciones graves, se deben combinar con otras medidas de mayor contundencia.
Remedios caseros: utilidad y límites
En este sentido, se suele hablar con frecuencia de mezclas con vinagre, aceites esenciales, jabones o extractos de plantas como aliados para el control de las termitas.
Puede ser útil para:
- Ahuyentar las termitas en un punto concreto.
- De cara a reducir la actividad en áreas pequeñas o muebles que tengan poco valor.
- Como complemento a una buena limpieza y ventilación.
El caso es que hay que ser realistas: una colonia que se instale bien, extendida por estructuras y vigas, es complicado que desaparezca únicamente con remedios caseros. Puede que sea un apoyo, pero no van a sustituir a un tratamiento que se planifique bien cuando el problema sea importante.
Termitas y medioambiente: buscar el equilibrio
Las termitas en la naturaleza son de gran ayuda para el reciclaje de madera y para que se mantengan los suelos activos, pero al mismo tiempo liberan dióxido de carbono y metano cuando se descomponen cantidades importantes de materia orgánica.
En un planeta como el nuestro, que ya tiene que lidiar con el cambio climático, la expansión hacia nuevas zonas templadas es algo que se ve con gran preocupación por el extra de emisiones que ello puede terminar suponiendo.
En el ámbito doméstico, el equilibrio pasa por:
- Protección de las viviendas y estructuras para así evitar daños que puedan obligar a utilizar cantidades importantes de madera nueva y recursos adicionales.
- Escoger tratamientos que sean eficaces, pero de tal forma que se minimice el uso indiscriminado de productos que puedan acabar afectando a los suelos, aguas, etc.
- Apostar por soluciones integradas: prevención, control de humedad, revisiones periódicas y tratamientos específicos cuando se detecte la plaga.
Por todo ello, la idea no es declarar la guerra total a las termitas en cualquier clase de contexto, sino controlar su propia presencia donde hacen daño, de tal forma que se respete, en la medida de lo posible, su papel en los ecosistemas en los que sí sean necesarias.
¿Cuándo debes llamar a los profesionales?
Cuando llegas a cierto punto, el tratamiento de las termias pasa a ser un trabajo especializado. Estas son señales de que es el momento en el que debes pedir ayuda a nivel profesional.
- Vigas o suelos que muestran daño evidente
- Muchos puntos de actividad detectada en varias áreas de la casa
- Áreas inaccesibles en las que no se puede actuar usando métodos domésticos
- Dudas sobre qué producto se puede usar sin que se ponga en riesgo a las personas que vivan allí.


